SU SECRETO
La guardaba en el fondo del armario de su dormitorio, bajo una manta gris oscura con olor a naftalina. A pesar de que madre se desvivió por nosotros hasta el último de sus días y nos dio todo lo que estaba en su mano y más, nunca nos permitió tocarla.
Ni mis hermanos ni yo hemos sabido hasta ahora qué contenía esa caja de cartón deteriorado. Dudo mucho que padre supiera de su existencia, pues pasaba por casa dos o tres veces al año, justo para echar una siesta corta a puerta cerrada junto a madre y comer algo después antes de irse de nuevo hasta más ver.
Ayer enterramos a madre. El último parto se la llevó a la tumba. "Demasiado mayor para esos trotes", escuché que decía el médico a la mayor.
Tras el funeral, entre gritos, sollozos y alguna que otra palabra malsonante, convenimos en vender la casa y repartirnos el dinero y sus pocas pertenencias entre todos. Faltaron segundos para que cinco de mis ocho hermanos corrieran como liebres a la fuga en busca de aquella caja misteriosa. Algo importante albergaría en su interior, cuando había sido guardada con tanto celo durante años. Recuerdo que una vez madre nos dijo que allí dentro estaba toda su vida.
Fue Paquito, el más pequeño de los chicos, quien se encargó de cortar el celo que la recubría y de abrir las solapas. Su cara de asombro se fue contagiando entre los que iban acercándose a mirar su contenido. No encontramos nada. La caja era un cartón lleno de vacío.
Ni mis hermanos ni yo hemos sabido hasta ahora qué contenía esa caja de cartón deteriorado. Dudo mucho que padre supiera de su existencia, pues pasaba por casa dos o tres veces al año, justo para echar una siesta corta a puerta cerrada junto a madre y comer algo después antes de irse de nuevo hasta más ver.
Ayer enterramos a madre. El último parto se la llevó a la tumba. "Demasiado mayor para esos trotes", escuché que decía el médico a la mayor.
Tras el funeral, entre gritos, sollozos y alguna que otra palabra malsonante, convenimos en vender la casa y repartirnos el dinero y sus pocas pertenencias entre todos. Faltaron segundos para que cinco de mis ocho hermanos corrieran como liebres a la fuga en busca de aquella caja misteriosa. Algo importante albergaría en su interior, cuando había sido guardada con tanto celo durante años. Recuerdo que una vez madre nos dijo que allí dentro estaba toda su vida.
Fue Paquito, el más pequeño de los chicos, quien se encargó de cortar el celo que la recubría y de abrir las solapas. Su cara de asombro se fue contagiando entre los que iban acercándose a mirar su contenido. No encontramos nada. La caja era un cartón lleno de vacío.
*L*
➨ Relato para los #ViernesCreativos del Bic Naranja (CLICK), inspirado en la fotografía propuesta por Ana Vidal Pérez de la Ossa.
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